“Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”


Estas palabras fueron dichas por Jesucristo hace  casi 2000 años, y Pablo se sorprendió al oírlas, pues contestó, “¿quién eres, Señor?”, pensando, si yo no te persigo a ti, persigo a los cristianos. Jesús le aclara, “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”.

Esta frase, dicha por Jesús, se puede aplicar a tantos y tantos miles, yo diría millones de casos de persecución soportados por los cristianos en el transcurso de la “Historia de la Salvación”.

Y por supuesto, se puede asegurar, sin error a equivocarse,  que en los tiempos en que vivimos, esta frase también es aplicable a tantísimos ataques de todo tipo, como está recibiendo la Iglesia. Y concretando, se le puede decir a los enemigos de Prado Nuevo:

  • “Juan Carlos, Juan Carlos, ¿por qué me persigues?
  • ¿Quién eres, Señor?
  • Yo soy Jesús, a quien tú persigues.
  • Yo no te persigo a ti, persigo a estas personas que viven en Comunidad en Prado Nuevo. A ti te respeto.
  • No hijo, no. Me persigues a Mí, porque estos son discípulos míos, forman parte de Mi Cuerpo. De  Mi Cuerpo Místico.”

Qué bien interpretó Pablo el pronombre “me”, que pronunció Jesucristo. Lo desarrolla perfectamente en sus cartas: “Somos un solo cuerpo en Cristo” (Rom. 12,5) – “Porque somos miembros de su Cuerpo” (Ef. 5,30) – “Y Él es la cabeza del Cuerpo, de la Iglesia” (Col. 1,18) – “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?” (1Cor. 6,15).

Y así podrá decir Pablo en (1Cor. 12,26) “De esta suerte, si padece un miembro, todos los miembros padecen con él; y si un miembro es honrado, todos los otros a una se gozan”.

¿Cómo reaccionan los perseguidores del cristianismo? ¿Cómo Pablo? Desgraciadamente no. Son pocos los que cambian  y se convierten.

Pero, hermanos, no nos tiene que extrañar, ya nos lo advirtió Jesús: “No es el siervo mayor que su señor. Si me persiguieron a mí, también a vosotros os perseguirán” (Jn. 15,20).

Y como consecuencia  de esto, misterioso, pero real, podemos añadir las palabras de Pablo a los Colosenses (1,24): “Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros”. Y sobre todo de la gran revelación que hizo a los Filipenses, y que no llegamos a valorar: “Porque os ha sido otorgado no solo creer en Cristo, sino también padecer por Él” (1,29).

Solo queda dar ánimos a las personas que directamente están sufriendo esta persecución, ayudarles, dando testimonio de nuestras experiencias, rezar por ellos y la Obra, y también, cómo no, rezar por los que nos persiguen.

Manuel Serra Gómez.
6 Junio del 2008.